no toda agua es turquesa

UNA AVENTURA INESPERADA POR ALBANIA

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Lo que comenzó como un simple viaje de vacaciones de amigas se convirtió en una auténtica odisea llena de giros inesperados. Desde vuelos cancelados y un coche alquilado con más problemas que kilómetros, hasta un accidente en plena ruta. Albania nos puso a prueba una y otra vez.

Entre nervios, risas y momentos de verdadero miedo, descubrimos ciudades mágicas como Berat y Gjirokastër, playas idílicas en Ksamil y la hospitalidad de personas que nos tendieron una mano en los momentos más tensos. Fue un viaje donde aprendimos a mantener la calma, confiar en la intuición y reírnos incluso de lo absurdo.

A map of the world with a coffee cup spilling over it. The cup is overflowing, and the coffee is flowing down and left ont...

dia 1

Llegamos a Tirana, de casualidad.

Se cancelaron los vuelos por fuertes tormentas, estuvimos más de 24 horas sin dormir con la operadora al teléfono para encontrar alternativas.

Llegó, finalmente llegó el nuevo vuelo y llegamos ambas a Tirana.

Así arrancó la aventura…

Alquilamos un coche y esperábamos retirarlo a las 11:30. Finalmente llegamos a las 13:30 y el coche nos lo entregaron a las 16:30, luego de reclamar un sinfín de veces. ¡5 horas de retraso! 

Informal, un alquiler muy informal…

Volkswagen Golf, 265.000 kms, rayones por doquier y luces que parecía un árbol de Navidad. Ninguna realmente alarmante, hasta ese momento…

Arrancó nuestro viaje por Tirana. Recorrimos la ciudad y luego partimos rumbo a Berat, la ciudad de las mil ventanas. Nuestro plan era hacer ruta de día, pero el atraso del coche nos complicó el itinerario.

Cruzar la ciudad de Tirana fue muy particular: en mitad de la avenida había coches parados, sin conductores. Al principio pensamos que les había pasado algo, pero no… ¡no entendíamos nada!

La carretera fue desafiante, sin señalizaciones claras, con pendientes importantes, curvas para conductores experimentados y hasta animales cruzándose por el camino. 

Nos paró la policía de tránsito. No hablaban mucho inglés y eso sirvió para que solo nos preguntaran: “¿Alcohol?”. Claramente dijimos que no y seguimos nuestro camino.

Nada más llegar, estábamos en una calle muy estrecha y un auto nos bloqueó el paso. Eran dos chicos jóvenes que nos empezaron a hablar en inglés, nos pidieron el Instagram, el WhatsApp y nos invitaron a tomar algo. No accedimos ni les dimos nuestros datos, sonreímos amablemente y nos dejaron pasar. Pero no quedó ahí: nos empezaron a perseguir.

La sonrisa y mi inoportuno mensaje: “I like your car”, ya harta del nuestro, les bastó para volverlo a intentar y seguirnos.

Nos pusimos nerviosas, de verdad. Afortunadamente las calles eran muy estrechas y en un momento ellos no pudieron continuar.

Llegamos al hotel, hermoso hotel. Dejamos nuestras cosas y, a pesar de las aventuras iniciales, salimos a pasear.

Hombres, todo hombres… “¿Dónde están las mujeres?”, pensamos. No había mujeres más que nosotras y alguna turista acompañada de su pareja.

La sonrisa se borró de nuestras caras y empezamos a aplicar ‘cara de pocos amigos’, para no ser perseguidas nuevamente.

Continuamos nuestro viaje, descansamos muy bien.

Dia 2

Un desayuno realmente maravilloso y salimos a recorrer la ciudad de las mil ventanas, de día. Un sol que rajaba las piedras, hicimos fotos increíbles. La ciudad nos gustó mucho, original, y más allá de las mil ventanas, las callecitas y las puertas de sus casas nos fascinaron.

Cuando salimos rumbo a nuestro próximo destino, “la ciudad de las piedras”, empezó un temporal de locos: lluvias, viento, ramas caídas y nuestro coche que parecía desarmarse con los ruidos que hacía…

No nos quedó otra que parar de camino, almorzar tranquilas y esperar que aminorara el temporal. Por suerte pasó y pudimos retomar el viaje.

La historia continúa… Camino al nuevo destino, un coche nos choca en mitad de la ruta. Nos chocaron en Albania.

“¿Realmente nos tiene que estar pasando esto?”, dijimos.

Era una camioneta llena de hombres. Ninguno hablaba inglés. El conductor estaba nervioso, enojado, descolocado… y nosotras aún más.

En ese momento me vi tirada en una cuneta y sin poder volver a casa, sin exagerar. Y alguna otra cosa más imaginé, pero prefiero no escribirlo…

El hombre nos pidió plata a cambio. ¡Pero si fue culpa de ellos! Yo estaba tan nerviosa que era capaz de darle todo para que se fueran, pero no teníamos efectivo. Bueno, sí: mi amiga tenía, pero lo escondió en lugares donde debían sacarnos la ropa para descubrirlo…

En medio de la negociación, escondimos también los pasaportes por si nos robaban la cartera, las maletas o lo que fuera.

La tensión aumentaba. Quisimos llamar al hombre que nos alquiló el auto, pero no atendió. Intentamos llamar a la policía, pero los hombres no querían y nosotras más nerviosas aún.

En un momento le ofrecí 60 euros. Yo lo único que quería era no volver a ver la cara de ese tipo. El cortisol, por las nubes. No quisieron los 60 euros y nos dijeron de ir a un cajero a retirar plata.

Y accedimos a seguirlos, sin saber realmente lo que estábamos haciendo… Nos sentimos más seguras en el auto que desprotegidas en la ruta vacía con tantos hombres. Nos perdimos un poco, nos esperaron hasta que volvimos a estar detrás de ellos.

Nos acercamos a una rotonda. Había mucho tráfico. ¡Por suerte! Apenas vimos la oportunidad, paramos en un hotel que estaba de camino y los perdimos. Bajamos a pedir ayuda.

Por fortuna, los tipos no pudieron dar la vuelta (o se rindieron) y nosotras nos sentimos protegidas en el hotel.

El mozo y un chico italiano que estaba tomando un café nos escucharon, nos dieron el teléfono de la policía y nos calmaron. A ellos sí les volvimos a sonreír 🙂

Y ahí llamé a Mamá. Nada como llamar a Mamá… “Vas a llamar a tu madre estando tan lejos? La vas a dejar súper nerviosa, me dijo mi amiga”. Se iba a poner nerviosa, sí, pero para sorpresa de Alba, Mamá nos escuchó y nos aconsejó sin aumentar los nervios a tantos kms de distancia. 

Pasó una hora, los hombres no habían vuelto. Tomamos un café y la decisión, en consenso de Alba, Mamá y mío, fue continuar nuestro camino, totalmente contrario al de la camioneta.

Y así llegamos a la ciudad de las piedras, al hotel “Palorto”. ¿Casualidad, acaso?. La llegada también fue desafiante para un coche último modelo: calles estrechas, de adoquín, con pendientes realmente empinadas y, claro, con nervios acumulados. Pero llegamos, sanas y salvas.

Salimos a descubrir la ciudad. Hermosa. Comimos y celebramos estar vivas; realmente lo sentimos así. Un par de Aperols y comida tradicional, ideal para volver a nuestro eje.

Dia 3/4

Desayuno delicioso.

Pero la historia no termina ahí… Seguimos camino a nuestro próximo destino: Ksamil.

El hotel, maravilloso. El agua de sus playas, idílica. Los mariscos, deliciosos. Las mujeres aparecieron, abundaban… ya todo estaba en calma, la recompensa a lo vivido.

Seamos honestos: los incidentes hicieron que nos riéramos mucho. Más allá de los nervios por el coche, por el choque, por la persecución, lo tomamos con humor y nos reíamos todo el tiempo. 

Disfrutamos mucho de Ksamil, los malos momentos ya habían pasado.

Aun así, yo seguiría leyendo esta historia…

dia 5

Nuevo destino: Himare. Llevábamos más de 300 km en nuestro maravilloso coche, que cada km lo odiábamos un poco más, aunque ya casi nos habíamos acostumbrado a sus luces de Navidad y sus ruidos.

Nos alojamos en Himare, a pocos km de Dhermi, ciudad que había que conocer. Decidimos ir a cenar allí, pero no sabíamos que el camino iba a ser otro desafío más.

Desde 30 mts de altimetría a 1000mts, con curvas todo el tiempo, giros de 180 grados, en mitad de montañas con precipicios… y de noche. 

A mitad de camino entendimos que no había sido la mejor decisión, pero no podíamos dar vuelta y continuamos.

Eso salió bien. ¡Vamos! Llegamos a Dhermi, cenamos en un lugar super lindo y terminamos bailando danza albanesa en la playa. ¡Muy divertido!

Volvimos a Himare y todo ok, salvo mi dolor de cuello de tanta concentración y tensión de manejar en esas rutas. ¡Literal!

dia 6

Rumbo a conocer la playa más famosa de aquí: Djipe. Nuevamente rumbo a Dhermi, nuevamente subir las pendientes por montañas… y ahí el árbol de Navidad encendió una nueva luz: “Brake Fluid. Stop the car”.

“Por favor: En serio?” Estábamos en mitad de la montaña… ¿qué hacemos?

Luego de debatir, de volver a encender el auto, de pensar, de pedir ayuda a un hombre que pasaba en bicicleta, de hablar con “ChatGPT”, decidimos volver al hotel muy despacito. La advertencia apareció dos veces, pero por fortuna no volvió en la bajada.

“No te pongas el cinto, por si tenemos que saltar del auto”, le dije a Alba mientras regresábamos al hotel. 

Perdimos medio día, pero la decisión de no seguir en ese maldito auto estaba clara.

El hombre del hotel, una maravilla, nos escuchó toda la historia, nos entendió y le pedimos que llamara al dueño del auto para explicarle toda la situación en albanés. Nos sirvió un café y nos ayudó a solucionar el tema del líquido de freno. 

Hablamos con el hombre del coche, nos pidió fotos del incidente y ofreció pagar el líquido del freno y nos “convenció” de que el auto estaba ok.  Confiamos más en la opinión del dueño del hotel que del tipo que nos alquiló el coche, claramente.

Decidimos continuar el viaje. 

Arreglado el auto, fuimos a conocer la playa más famosa y fue maravillosa. El coche no volvió a encender la luz de “Brake Fluid” y nosotras ya tranquilas. Por haber solucionado ese tema y porque el tema del choque estaba también aclarado. 

La cena, otro espectáculo: cenamos muy bien y ya sin incidentes.

Dia 7

Emprendiendo la vuelta a Tirana para regresar a España y a casa. Nos tocó hacer otros 300kms más. 

Ya nada más nos puede pasar.

Devolvimos el auto, en realidad dejamos la llave en la recepción del hotel para que el mismo viniera a retirarlo. Por suerte, no queríamos ni verle la cara.

Última noche y cena en Tirana. Vimos que el auto empezó a desparramar un líquido en el piso pero ya estábamos fuera de peligro.

Dia 8

Nos despertamos muy temprano, mi vuelo a Madrid partía a las 7am. 

Para nuestra sorpresa, el chico de la recepción del hotel era el que nos alquiló el coche. Nos ofreció agua y llevarnos al aeropuerto, dijo que era un servicio gratuito del hotel. 

El señor dejó sola la recepción del hotel para llevarnos. “Are you leaving the hotel alone?, le pregunté, “Yeah, nobody is going to check out at this time, no worries”.

Raro, muy raro… Nuevamente me empecé a poner nerviosa. En el asiento del acompañante iba un señor, que no emitía palabra alguna. 

Ya no sabía si era un acto de buena fe por todos los inconvenientes o que era lo que venía… 

Ahora si, ya en el avión rumbo a casa. Ahora si, nada más puede pasar.

Albania, nos gustaste mucho. Y si, mas allá de esta historia que será difícil de olvidar, volvería. Con nuevos aprendizajes, pero volvería.